domingo, 17 de junio de 2007

Pixar, en busca sus raíces


El teaser que Disney y Pixar acaban de poner en internet para presentar WALL-E, la película que estrenarán en el verano boreal de 2008, dice poco sobre la película en sí, pero mucho sobre cómo se sienten los líderes de Pixar en este curioso momento de madurez corporativa, devorados por Disney a la vez que devorándose la división de animación de Disney.

Como género, el teaser busca, por definición, decir lo menos posible sobre la obra que anuncia. Además, es difícil ser explícito cuando se presenta una película que está todavía a un año de estrenarse. Pero Pixar fuerza las reglas y lo que ofrece es el relato a cámara de Andrew Stanton, director del film, responsable de esa obra maestra que es Buscando a Nemo y miembro del "núcleo duro" de Pixar junto con John Lasseter.

Stanton explica que cuando Toy Story estaba casi lista, el equipo creativo de Pixar se reunió en un restaurante a decidir su futuro. De esa sobremesa surgieron las ideas que con los años se convertirían en films como Bichos, Monsters, Inc. y Buscando a Nemo. El cineasta revela que una de las ideas que dibujaron sobre el mantel ese mediodía era la de un pequeño robot llamado WALL-E...

El karma de la industria de la animación infantil es que sus obras deben hablar a la vez a niños y adultos. Hay ocasiones, como esta, en las que el creador pierde el pulso y habla a uno solo de esos públicos. El teaser de WALL-E es aburrido de ver para cualquier niño, pero se asegura de informar a los espectadores adultos que Pixar es el mismo de siempre, y que su próxima obra viene de la sagrada cepa de la cual surgieron todas las obras maestras de la empresa.

Es, quizás, una respuesta a las críticas a media voz que acusaron a Cars de mostrar cierto agotamiento creativo en Pixar, que derivaría del peso que implica haber sido adquiridos por Disney. En mi opinión, Cars, aunque imperfecta, es una película bastante fiel al ADN de Lasseter y Stanton. de hecho, la historia formó desde el principio parte del racimo inicial de proyectos de Pixar y hay abundantes indicios de que el tema viene de las obsesiones personales de Lasseter con el coche y la carretera como símbolos del Sueño Americano. Si hay algún film en el cual Pixar quiso negar sus raíces, no es Cars -el primero tras la compra por Disney pero con largas raíces-, sino el último antes de ser comprados por el Ratón: Los increíbles, que, pese a su indudable calidad, fue dirigida por un externo del grupo original (Brad Bird), lejos de los temas clásicos de la productora y bastante cercana al batido posmoderno del resto del cine infantil contemporáneo.

viernes, 1 de junio de 2007

Son lo mismo





Bueno-bueno. Parece que ahora hay por ahí un reglamento para diseñar afiches de comedias románticas para adultos habladas en inglés.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Spider-man 3

Un desafío de pelota vasca. Considerable esfuerzo por hacer una sutil comedia dramática con el grueso trazo expresivo del cómic y, de paso, hacer que luzca actitud independiente con un presupuesto de 250 millones de dólares.

miércoles, 25 de abril de 2007

Notas sobre Notes on a Scandal


Esa mezcla tan británica de fatalidad anunciada, comentario social y eufemismo venenoso. La cámara sin pretensiones; los actores, con tantas... Poco se puede decir de este drama inglés contemporáneo de manual. Su rectitud es su fortaleza y su debilidad.

Pero sí se puede decir algo de su música: bajar un 1/4 de tono la línea melódica a intervalos regulares no hace que tu partitura sea minimalista o vanguardista, ni aunque te llames Philip Glass.

sábado, 14 de abril de 2007

¿300 inexactitudes?


300 tiene el encanto maldito de las grandes obras de la cultura popular: una sencillez en la superficie que oculta una gran complejidad interior. Uno de los raros casos de cine de culto devenido éxito masivo, limitarse a elogiarlo o criticarlo implica tragarse de un bocado todas las contradicciones que esconde, y hacerlas propias. Por eso, sin ponerse demasiado pesado, conviene separar la hacienda.

El problema de la manipulación de hechos históricos en 300 no tiene tanto que ver con que esa manipulación sea grosera ni con el obvio disgusto que provocan las numerosas inexactitudes en el argumento, sino con la clase de hechos que Frank Miller ha elegido cuidadosamente para ser corregidos y así someter la Historia a su misoginia y maniqueísmo.

Al fin y al cabo, no es mucho lo que se sabe sobre la Batalla de las Termópilas en particular y sobre Esparta en general, en gran medida porque casi no quedaron espartanos sobrevivientes de aquella batalla y porque, como los incas en América, los espartanos no creían que la costumbre de escribir fuera un signo apreciable de civilización.

No pasa nada porque Miller no diga que en Esparta no había un rey, sino dos, o que los éforos no eran sacerdotes, sino gobernantes. Pero cuando le hace decir al varonil rey espartano Leónidas que los atenienses eran "filósofos y pederastas" ("philosophers and boy-lovers", en el original), oculta convenientemente el hecho de que en Esparta, si bien no eran muy dados a la filosofía, practicaban la pederastia con bastante entusiasmo. De hecho, compartir lecho con el tutor formaba parte de la formación militar obligatoria de los ciudadanos durante la juventud.

El look afro de los persas, un pueblo asiático, es otra de las inexactitudes difíciles de explicar, así como el aspecto andrógino de Jerjes.

Es verdad que Esparta era un pueblo que tenía en gran estima a las mujeres por su capacidad reproductora. Pero precisamente por esto, toda la subtrama de la película sobre el escarnio público de Gorgo, la mujer de Leónidas, por su presunto adulterio, es ridículo. De acuerdo con las constumbres espartanas, el adulterio femenino era un práctica tolerada e incluso promovida. Toda con tal de engendrar más espartanos. En defensa de Miller, decir que esa parte de la obra fue agregada por decisión del director Zack Snyder y contra la voluntad del historietista.

Por último, nadie duda del heroísmo de los espartanos, pero cuando se repite una y otra vez que su sacrificio fue "en nombre de la libertad", hay que recordar que estos guerreros llevaron consigo a la muerte a 900 helotes, miembros de un pueblo reducido a la esclavitud por estos paradójicos luchadores de la libertad. Está claro que para ser soldados full-time, como Leónidas se ufana en una parte del film, hace falta que alguien te lave los platos. Y está claro que hay muchos casos en la Historia de pueblos que en la defensa de sus ideales llegan al extremo de violentar los principios que dicen proteger.

Dicho esto, 300 es un triunfo de la estética en el chato dominio del cine industrial contemporáneo. Su mayor mérito es haber terminado de quebrar el problema de las adaptaciones de historietas al cine. La clave era usar al máximo la tecnología para reproducir en detalle el inverosímil entorno del género. A partir de aquí, se abren infinitas posibilidades para desarrollar una relación fructífera entre cine y cómic. Y dado que el primer golpe exitoso en este sentido lo dio Robert Rodriguez con otra obra de Miller, Sin City, hay que reconocerle a este un indiscutible mérito artístico.

lunes, 9 de abril de 2007

Sapitos en picada















Esto es lo que Hollywood entiende por creatividad. Los guionistas de films de animación acaban de descubrir que las ranas molan como personajes secundarios, y están decididos a inundarnos de ellas. Desde el villano Le Frog en Flushed Away hasta el detective de Hoodwinked!, pasando por las ranas musicales de Meet the Robinsons.

domingo, 25 de marzo de 2007

The number 23

Es un thriller psicológico sobre un hombre que, siguiendo una corriente numerológica de cierta popularidad, se obsesiona hasta casi perder la razón con la idea de que el número 23 está conectado con todos los eventos del universo. Conectado de mala manera, claro: 2 dividido tres es 0,666 que, ya sabemos, es el número del diablo. Da igual que no salga ningún número maldito si se toma por el camino de la suma, la resta o la multiplicación.

Yo la única vinculación que veo entre el 23 y una conspiración universal es que ese es el número del dorsal de Beckham en el Madrid. Fuera de ese dato, lo verdaderamente diabólico es que a alguien se le ocurra hacer una película sobre semejante estupidez.